Dicen que dos millones de personas participaron ayer en la celebración del mundial futbolero en las calles de Madrid. Ví algunos fragmentos. Todo demasiado populachero.
Ningún análisis, por el momento, sobre el juego de la selección más allá de las consabidas loas. Tan sólo un artículo de Arcadi Espada en El Mundo titulado Nunca es sólo fútbol. Recordadlo siempre.
El artículo desconcierta, porque parte de la base de que el equipo español hubiera sido derrotado, pero el análisis que realiza sobre el juego no puede obviarse. Copio algunos párrafos:
“No es difícil ver en este equipo -en su devoción litúrgica por el sistema, en su miedo al desequilibrio individual, en la sumisión del talento a la coreografía- un reflejo de lo que es y de lo que amenaza seguir siendo este país en el siglo XXI: una sociedad que ha hecho de la desconfianza ante la excelencia una forma de cortesía.
“España tenía a Lamine Yamal, acaso el mayor talento de su historia: solo hay que ver cuál ha sido el resultado de dos años instruyéndole en el pase hacia atrás. El tikitaka de 2010 era una cultura; el tiktok de 2026 es relax. La selección había sido patrocinada como símbolo de una España trans: mestiza, igualitaria y risueña. Anoche descubrimos su cara b. El mestizaje sin fusión es yuxtaposición. La igualdad entre desiguales, nivelación. Y los equipos serios no sonríen mientras suena el himno, sino cuando recogen la Copa.
“Nuestra escuela iguala hacia abajo, nuestra legislación recela del mérito y nuestra conversación pública dedica a demoler reputaciones el tiempo que otras dedican a construirlas. Pedirle a este vestuario que se atreva a la excelencia es pedirle que desobedezca a su país. Los jugadores no viven en una burbuja: son hijos de un tiempo en que el largo aliento cotiza menos que la viralidad instantánea, y en que los jóvenes, sin horizonte ni proyecto, no pueden emanciparse, sobre todo de sí mismos.
“Nunca es solo fútbol. El desenlace tampoco puede sorprender al que observe el clima moral del país. Es lógico que una sociedad secuestrada por la polarización, donde las reglas se tuercen al servicio de la supervivencia de las élites y donde la palabra pública es ruido, solo pueda exportar la parálisis y hasta la infelicidad que se vieron en el césped.”
Y esa imagen impagable de una concejala del PP en Bilbao defendiendo con un abanico su derechos a disfrutar de un partido de fútbol frente a un grupo de reventadores nacionalistas vascos.
