Primer mandamiento del sistema: el consumo que no cese. Este verano, por ejemplo, además de los gastos habituales de la canícula, hay que añadir otros dos, ambos imprescindibles: la nueva camiseta de la selección española de fútbol con las dos estrellitas mundialeras incorporadas (entre 75 y 160 euros) y las gafas adaptadas para ver el eclipse. Y tampoco estaría mal que los caballeros fueran adquiriendo alguna guayabera.
Estados Unidos & Marruecos
El Congreso de los Estados Unidos respalda a Mohamed VI en su reivindicación de Ceuta y Melilla como “territorio marroquí”, informa, entre otros, el diario El Debate. El Congreso norteamericano avala que Marcos Rubio, secretario de Estado, “facilite” el diálogo sobre el futuro status de las dos ciudades españolas. Para facilitar aún más el diálogo, Marruecos ha decidido aplicarle a España la vaselina de 60.000 marroquíes invasores. Cuando Sánchez concluya su merecido descanso en Lanzarote sabremos a qué atenernos. Una cosa ha quedado clara estos últimos días: el no haber prestado ayuda a los aliados norteamericanos cuando nos la han pedido nos va a salir carísimo.
El problema del narcisista
Como sabrán los que siguen estos apuntes soy muy aficionado a las series, en especial las policíacas y las del oeste. Tampoco es que sea un aficionado compulsivo. Me gusta ver cada día un par de capítulos. Y también me gusta –en las especialmente buenas–, coger al vuelo algunas citas. En la serie británica “Crimen, de Irvine Welsh”, que acabo de terminar y que he seguido con interés, he detectado esta cita: “El problema del narcisista es que prefiere la infamia a la fama, porque la infamia dura más.” Y esto me ha dado que pensar porque desde hace 7 u 8 años tenemos al frente de la nación a uno al que muchos consideran como un narcisista patológico. Y si es verdad que los de su tipo prefieren la infamia a la fama pues aviados estamos.