
Antonio Lorca, crítico taurino, se despacha en El País contra el director de cine Albert Serra, que ha recibido un premio goya por su excelente obra Tardes de soledad. Dice el crítico que el director realizó en la ceremonia “una acomplejada faena de aliño”. Le pareció mal a Lorca que Serra prefiriera no hablar de toros y que tomara el olivo con rapidez.
Hay gente en este sorprendente país que considera, increíblemente, que Tardes de soledad es una película taurina. Al parecer, no hace mucho tiempo, Albert Serra recogió el Premio Nacional de Tauromaquia, premio que, según parece, se concede también a los antitaurinos.
Visto el panorama Serra recoge sin rechistar todo lo que le regalan. Y hace bien porque dirigir documentales no es lo mismo, desde el punto de vista económico, que dirigir Torrente.
Mal que le pese al crítico Lorca, un director que ha realizado un trabajo de tanta calidad, –en este país donde las élites culturales no distinguen el blanco del negro, lo taurino de lo antitaurino– tiene derecho a recoger los premios que le den sin necesidad de justificarse.
Tardes de soledad es un documental admirable, atrevido, valiente, de una belleza cruel, que te admira la primera vez y te espanta la segunda. Te espanta porque pone en evidencia, con sutileza pero sin tapujos, la crueldad y el sufrimiento que acarrea la tauromaquia, tanto para los animales como para las personas.
Y de las reacciones del público en la plaza, a las que Serra está muy atento en la banda sonora, casi mejor no hablar.
Albert Serra ha dirigido una obra maestra del documentalismo y que digan lo que se les antoje. Es evidente que no entienden nada. Y yo entiendo que no entiendan, porque para un taurino tiene que ser muy incómodo este documental.