
Hace tanto que la leí que soy incapaz de decir si la versión cinematográfica que acabo de ver se ajusta o no a la obra de Valle-Inclán. En cualquier caso, la película de Miguel Angel Díez, de 1984, me ha gustado, pese a la inconmensurable tristeza que transmite. Escenas nocturnas, siempre sombrías, interiores despojados y predominio de los claroscuros, confieren a la película una gran unidad de estilo que se ajusta bien al esperpento.
Paco Rabal, cuyo centenario se cumple este año (Movistar le homenajea con una docena de películas), le imprime una gran dignidad y carácter a su personaje protagonista Max Estrella. También excelente la interpretación de Agustín González como Don Latino de Hispalis. Las interpretaciones, en general, son de gran nivel.
El poeta Max Estrella es un antisistema, sumido en la miseria, que despotrica contra todo lo que se mueve en la España del final de la Restauración: contra Maura, contra la Academia, contra los jóvenes modernistas, pese a que pululan a su alrededor desbordando cinismo. “La barbarie ibérica es unánime”.
Por descontado, es imposible alcanzar la excelencia de la obra de Valle-Inclán, pero esta película hace un papel muy digno.
