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Moisés y la roca de Horeb

En Sevilla he visitado el Museo de Bellas Artes para ver, en primer lugar, los cuadros de Murillo. Es un pintor que me encanta. Me atrevería a decir que, después de Velázquez –que es para mí la cumbre de la pintura, y no sólo de la pintura española– está Murillo. Tan sólo conocía los Murillo del Museo del Prado y estos de Sevilla me han dejado como levitando, pese a que la pintura religiosa cada vez me interesa menos.

Los retratos de Murillo, tan idealizados, son para mi gusto una delicia y el tratamiento que hace de los colores me deja pasmado. Qué prodigio de buen gusto, de delicadeza, de sensibilidad, de humanidad. Las dos grandes escenas apaisadas, la de Moisés y la del milagro de panes y peces, son para mí una fuente inagotable de placer estético.

Hay más cosas interesantes en este Museo, por descontado, pero el propio edificio ya es fascinante. Cuando vuelva a Sevilla, si es que vuelvo, intentaré visitar la catedral, –asunto que me ha resultado imposible por colapso turístico (qué desastre)– y pasaré unas horas en alguno de los maravillosos patios y claustros de este antiguo convento de la Merced Descalza.

Fragmento de La Anunciación

Jesús repartiendo los panes y los peces

La Virgen de la servilleta

La Dolorosa