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Tras el garbeo del convicto Junqueras por el Palacio de La Moncloa para reclamar lo suyo, le toca ahora el turno al PNV. El PNV ha dejado caer que si no se le transfiere lo prometido esta misma semana «no se cruzará de brazos». Como los nacionalistas vascos son gente discreta no han facilitado más detalles, pero tampoco hace falta demasiada imaginación para intuirlos: dejarán caer a Sánchez. Pero ocurren dos cosas: la primera que Sánchez tiene el sorprendente don de levitar en el espacio (asunto este que debería ser estudiado por Iker Jiménez en su calidad de fenómeno paranormal), y la segunda que también Sánchez puede devolverles con la misma moneda y dejar caer al PNV en el País Vasco. No llegará la sangre al río, probablemente –al menos hasta que todo se desborde–, pero no debe desdeñarse un pequeño detalle que se ha conocido hace poco: la oferta de Bildu al PNV para hacer un frente común en las elecciones generales. Esto viene a ser como la vuelta del hijo pródigo pero a la inversa. Ahora es el hijo el que reclama al padre. O eso parece. Un Frente Nacionalista desinhibido y no camuflado e intermitente como en ocasiones, sería una novedad interesante que le metería un buen meneo al tablero político. A Sánchez le crecen los enanos. Menos mal que viene descansado de la Mareta y que en la Moncloa, a buen seguro, tiene un spa de lujo.