
Al ministro Puente lo han dejado sólo en el banquillo gubernamental del Senado.
Una imagen premonitoria.
El finge no inmutarse, como tampoco se inmutó cuando los senadores le gritaban para que dimitiera, un poco antes del piadoso minuto de silencio.
Por lo visto al Senado se va a gritar. Los senadores ya no se aguantan, como unos españoles más, como los forofos del fútbol.
Ocurre lo mismo en el Congreso, no hay que hacerse ilusiones. Solo que el Congreso está de vacaciones navideñas o cerrado por la encargada de su sanchidad, no estoy seguro.
Creo que la pitada es más elegante. Y no digamos el abucheo, sumo gesto civilizatorio propio de democracias avanzadas.
Pero aquí nos van los gritos, más propios de lo rural que de lo urbano.
Tengo para mí que Sánchez está sosteniendo al ministro para que la ira colectiva se concentre en él, Puente, y no en el Puto Amo. Se concentre y se agote.
Cuando lo estime oportuno lo cesará.
El ministro se presta, bien porque no está en la pomada, bien para que le den algo bueno cuando caiga.
Es un soldado de la causa.