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Cuando entré en la adolescencia dejé de interesarme por el fútbol. Una eternidad después, hace cosa de un año, surgió la posibilidad de acceder al fútbol televisado y me acostumbré a ver dos o tres partidos a la semana. Si no enteros, que siempre me han parecido demasiado largos, si al menos las segundas partes. Luego debió de caducar la oferta y nos dimos cuenta del dineral que nos cobraban cada mes. Nos dimos de baja no sin alguna dificultad. Insistieron mucho para que nos quedáramos. Me percaté entonces del dineral que mueve esto del fútbol y cómo los medios, todos ellos, se vuelcan en fomentar eL negocio. Ahora ya hace un mes que, salvo algún partido gratuito, sólo veo dos o tres resúmenes. El fútbol te arrastra y se adueña de tu espíritu. Puedo asegurar que se vive mucho más tranquilo sin fútbol.

¡Golazo! ¡Golazo!… ¡Paradón! ¡Paradón!… Todo son golazos y paradones. –Tienen que vender el producto que para eso les pagan. Y para ello pasan por encima de todo.