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Creo que esta novela –Kokoro, de Natsume Soseki– ha envejecido mal. Me he aburrido un poco durante la lectura, aunque he disfrutado pese a ello de la delicadeza y la sensibilidad con la que escriben algunos escritores japoneses. El argumento sin embargo es demasiado plano. Siempre se está a la espera de que ocurra algo significativo pero pasan las páginas y ese momento no llega. El personaje de Sensei no termina de desvelarse. Sólo lo hace al final y sus motivaciones no resultan demasiado alentadoras.

Ahora, al repasar algunos datos descubro que la novela fue publicada en 1914. Se hizo por entregas en un periódico. Han pasado 111 años. Eso, en tiempos de aceleración histórica es una eternidad. Y se nota, vaya si se nota.

Se nota sobre todo en el tratamiento de los personajes femeninos, que tienen un papel secundario pese a ser ellas el desencadenante de las situaciones dramáticas que aparecen en la novela. La voluntad y el deseo de la mujer japonesa de la época apenas contaba. Si uno quería desposar a una de ellas debía ir donde los padres a pedir su autorización. Luego los padres contaban o no contaban con los deseos de la hija.

Esto ahora es un anacronismo, igual que el hermetismo respecto a los sentimientos. Todo ellos lastra la novela, a la que sólo podría salvar una finura de estilo que está reservada a los muy grandes, como sería el caso de Kawabata.

Otra cosa me ha ocurrido con esta lectura y es que a medida que avanzaba el argumento me resultaba familiar. Tan familiar que en realidad esta era mi segunda lectura.

No voy a descubrir América pero en los lectores veteranos descubrir este envejecimiento de las obras literarias produce una melancolía no precisamente gozosa.